Un día de nostalgia…

 

Jueves 12 de febrero del 2009

“Asi es, fue el día en el que había regresado de Cuernavaca después de un fin de semana de alcohol (en el que podría decir que no es muy memorable, igual y tenia que estar otros 3 días junto con mi madre), con el propósito de llegar a mi actual hogar, en donde me esperaba mi padre (es de un carácter de una admirable fortaleza y sapiencia hasta en las más pequeñas conversaciones, pero que siempre oculta fielmente la melancolía y el pesar que le ha ocasionado múltiples sucesos en el le fueron profundamente marcados), junto con su mujer (el que sin lugar a dudas ha puesto a mi padre en otro plano feliz de su existencia, le agradezco mucho por crearle otra expectativa de vida) y mis pequeños hermanos.

Luego de llegar a Bellas Artes e irme al Starbucks de la calle Gante a degustarme de un café y un cigarro, viendo ante mis ojos el contraste cotidiano entre la necesidad de pedir ayuda e intentar subsistir mediante el pedir unas cuantas monedas y la mezquindad de la burguesía. Después de ello había estado en camino de encontrarme con mi hermana, a quien he de entregar algunas de sus cosas personales, y posteriormente trasladarme en metro (vaya que uno se da cuenta de lo muy aglomerado y poblado que es en si la misma ciudad, en el que entiendo y observo lo caótico que es viajar de esa forma).

De alguna forma, me había entrado un sentimiento de nostalgia, en el que no había podido describir en el momento aunque que no habia dejado de cesar, pero estaba más concentrado en cumplir con la petición que me habían encargado. Luego de llegar a Martín Carrera y encontrarme con mi hermana junto con su amiga Sara (misma que conocí en aquel fin de semana), me encaminé nuevamente hacia mi hogar. 

En el vagón del metro, por segunda vez había sentido esa sensación de nostalgia de una manera más abrumadora, cuestionaba una y otra vez el porqué me sentía así, pareciera que mi propia alma quería darme a entender algo y del producto de aquella tormenta interna habia sido inútil mi esfuerzo a llegar a la estación del tren suburbano de Buenavista, puesto que de pensar tan profundamente en ello, que no bajé a la estación Deportivo 18 de Marzo, (para posteriormente dirigirme a Guerrero y de ahi llegar a Buenavista) y pasarme de largo.

Entonces decidí bajarme en Ferrería y ver la forma de llegar a la estación del tren suburbano Fortuna, pero mi ser me había jugado de una manera muy extraña, y tomé un micro en el que se dirigía hacia al metro Normal, y de ahi vuelvo a cuestionarme, -”¡¿Porqué me iré allí?!, ¿Acaso no soy conciente de que volver ahí me provocaría la tentación de buscarla sin importar lo que suceda?”-, pero era demasiado tarde, estaba ahi, en aquel lugar donde no muy lejos vive Gloria.

Cai en el juego de mi mente en una conjunción increible con mis sentimientos, en el que me mostraban a aquel amor que jamás he podido olvidar ni dejar de sentir mi añoranza por volverla a estrechar entre mis brazos, de besarla en cada rincón de su cuerpo, de mirarla a los ojos como quien fuera el lobo hacia la luna llena, de decirle lo miserable que me siento sin ella, decirle que la amo a cada minuto, la tentación por buscarla era inmensamente gigantesco, mis manos y piernas no podían guardar compostura alguna, mis ojos no podian contener las lágrimas que brotaban y recorrían en mis mejillas, mis oidos querían escuchar su voz una vez más, mi piel sedienta de la suavidad de sus manos, mi nariz de olfatear su aroma y embriagarme de ella, estaba en la éxtasis total… la frustración y cordura habian vuelto en si poco a poco y decidí alejarme lentamente del metro Normal, sintiendo en cada paso como era antes al dejarla después de un día lleno de amor, en el que no había rencor de por medio sino la dicha y dedicarle a Dios toda mi gratitud de ponerla en mi camino.

Yo quiero amarla otra vez, no puedo ocultarlo por más fuerte que me quiera hacer, no me importa si está con otro hombre, sé que con la mano en la cintura puedo superar facilmente su amor de aquel hombre en el que le esté dando a Gloria, !soy más capaz de lo que he mostrado antes, sin importar que tan dificil sea!, aunque sé que será inútil intentarlo, lo sé… solo seguiré en la utopía, sin diferenciar entre un sueño y una pesadilla, seguiré quedando en el olvido, seguiré en la melancolía eterna, cargaré con el peso de mi propia cobardía a costa del respeto de los deseos de ella de no volver a verme nunca más.”

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