Querida madre:
Hoy que es supuestamente el día de las madres, quizás lo propio de mi parte sería darte una enorme felicitación, pero a veces me pregunto el por qué debemos de hacerlo en un mísero día. Si, ahora la mayoria de la gente pone en su estereo “las mañanitas” ó canciones alabando a la madre, aunque casi siempre la mayoría de la gente se acuerda del valor de la madre en un día en donde el consumismo es altamente absurdo y exageradamente estúpido, en el que el mercantilismo altanero está a la orden de las horas, el comprar lo más inútil y hermoso que se les parezca, con comentarios sumamente conformistas diciendo “si no le hacemos honor a nuestra madre en los 363 días del año, cuando menos lo será en el 10 de mayo y en su cumpleaños”.
Me pregunto, ¿Y los demás días qué, acaso no merece que le rindan homenaje a la procreadora de la vida, la luchadora incansable, la guerrera ante lo adverso, la protectora, la proveedora, la sentimental, la tierna angelita caida del cielo, la diosa, la musa, la regañona y la golpeadora de conciencias cuando caminamos entre las sombras y la infelicidad… la mujer?, perdona si pongo el dedo en la llaga, pero a veces es necesario despertar conciencias aún cuando puedan doler estas palabras.
A veces no suelo ser el hijo que siempre has querido, incluso a veces puedo imaginarme lo deshonroso que soy a veces y no llenarte de dichas como tu lo quisieras, me arrepiento de no ser el hombre que tu deseas de mi, de ello puedo avergonzarme toda la vida si no hago algo más por mejorar de lo que ahora soy, no quiero que sean simples palabras en un arranque de culpa sumamente enorme, puesto que hoy debe ser un día feliz, como cualquier otro en donde se proponga la gente llenar de felicidad al ser más querido en la sociedad, aunque sea algo vana siendo un día en donde todos nuestros sentimientos los dejamos al último (en este día por ejemplo) y no en la mayoría de los días como debe serlo.
Ahora, ¿Que pienso de ti?, es una pregunta en el que la respuesta tomará años de ser respondida, puesto que durante mi corta vida, me has dado todo de ti, de los sentimientos de las cuales aprendi y me llenan profundamente de fuerza en mi corazón, de tener la dicha de mirar esos ojos verdes tan bellos que quisiera nunca dejar de verlos aunque sea dentro de mis propios sueños, me has dado ejemplos de lucha, entrega, esfuerzo, sacrificio, entereza ante los problemas, tus lágrimas cuando estas son caidas producto de momentos emotivos y enteramente hermosos, tus abrazos que tanto disfruto, tus guizos que son para mi, los mejores del mundo y que no comería en otro restaurante sin antes comparar el sabor de los demás con el tuyo, tus regaños aunque sea tan absurdos como la vida misma siempre los tomo en cuenta aunque parezca que no lo hiciera, tus gritos de desesperación cuando no hago nada bien y rápido los recuerdo con una gran ternura, pues siempre al final de cuentas nos decimos que nos amamos profundamente a pesar de todo el júbilo negativo que nos rodea.
En pocas palabras, eres la mujer a quien más amo en este mundano planeta, con una superioridad digna de diosas ante las demás mujeres que se me puedan presentar en el camino, mi amiga de toda la vida, mi sirena de cantos embelecedores ante los oidos de los mortales, mi reina en mi alma y en mi corazón, mi guardiana, mi confidente, mi madre… mi único amor en mi duración en este sueño efímero, a la que tengo que agradecer por siempre, a la que querré por siempre.
¡Felicidades mamá!, pero no en este día, no en un día de una filantropía mediocre, de un día de lisonjería barata, sino en toda mi vida, de lo que me queda de mi existir para honrarte, ¡Te amo mamá!.
Con amor:
Eduardo.